300 Abdominales

Programa de 300 abdominales

1-10 abdominales

Si en el test haces 1-10 abdominales
Día 1
60 segundos entre las series (o más)
Día 4
60 segundos entre las series (o más)
Serie 1 2 Serie 1 3
Serie 2 3 Serie 2 4
Serie 3 3 Serie 3 4
Serie 4 2 Serie 4 3
Serie 5 2 Serie 5 3
Serie 6 max (mínimo 4) Serie 6 max (mínimo 4)
Día 2
60 segundos entre las series (o más)
Día 5
60 segundos entre las series (o más)
Serie 1 2 Serie 1 3
Serie 2 3 Serie 2 4
Serie 3 3 Serie 3 4
Serie 4 3 Serie 4 3
Serie 5 3 Serie 5 3
Serie 6 max (mínimo 4) Serie 6 max (mínimo 5)
Día 3
60 segundos entre las series (o más)
Día 6
60 segundos entre las series (o más)
Serie 1 2 Serie 1 3
Serie 2 4 Serie 2 5
Serie 3 4 Serie 3 5
Serie 4 3 Serie 4 3
Serie 5 3 Serie 5 3
Serie 6 max (mínimo 4) Serie 6 max (mínimo 4)
 

 

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Una breve historia del abdominal

La mayoría de nosotros conocemos el abdominal en una clase de gimnasia o en una sala de entrenamiento, contando repeticiones sobre una colchoneta de goma. Pero la idea de despegar el torso del suelo para fortalecer la zona media es mucho más antigua que el gimnasio moderno, y su reputación ha ido y venido más de una vez.

El acondicionamiento físico tenía una enorme importancia para los antiguos griegos, que construyeron toda una cultura en torno al cuerpo entrenado. Guerreros y atletas ejercitaban el tronco y el abdomen, y algo muy parecido al abdominal casi con seguridad formaba parte de aquellas rutinas, aunque no tuviera un nombre fijo. Más al este, las tradiciones marciales chinas consideraban una zona media fuerte como la fuente del equilibrio y la potencia, y el trabajo del core, de una u otra forma, estaba entretejido en la práctica diaria. Los movimientos concretos se han perdido, pero la prioridad no: un centro del cuerpo fuerte se valoraba mucho antes de que nadie contara una "repetición".

A lo largo de los siglos medievales, el entrenamiento físico organizado se fue debilitando, sobreviviendo sobre todo allí donde los soldados debían mantenerse listos para el combate. El Renacimiento, con su renovada fascinación por la forma humana, devolvió el cuerpo entrenado al primer plano. Ese cambio se puede leer en el arte de la época, que se recrea en la musculatura definida de un modo que sugiere un interés renovado por acondicionar el tronco.

El abdominal tal como lo conocemos es en realidad un producto de la era moderna. A medida que los ejércitos formalizaban las pruebas de aptitud física, los abdominales cronometrados se convirtieron en una forma cómoda y sin equipamiento de medir la resistencia del core de un recluta, y se mantuvieron durante décadas. El auge del fitness de principios del siglo XX hizo el resto, vendiendo el abdominal al público como el atajo hacia un vientre plano y definido. Durante un largo periodo fue el ejercicio abdominal por excelencia.

Ese consenso acabó por resquebrajarse. Entrenadores e investigadores empezaron a cuestionar el abdominal clásico, en particular la tensión que una repetición descuidada puede provocar en la zona lumbar, y el ejercicio perdió parte de su antiguo dominio frente a las planchas, los encogimientos y otros trabajos de core. Hoy ocupa un lugar más honesto: una herramienta útil entre muchas, que se hace mejor con una técnica limpia y dentro de una rutina más amplia, en lugar de tratarla como la respuesta completa. No está mal para un movimiento que ha sobrevivido a imperios.